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Entradas

Lola aclara el camino

“Cuando juzgamos a otro, nos colocamos en el lugar de la perfección sin darnos cuenta que estamos juzgando nuestras propias debilidades y carencias”
Es prudente hacer un paréntesis en este punto de esta historia para subrayar algo que considero importante: Este escrito pretende narrar la manera en la que el autismo me conoció a mí (Lola) y no viceversa, lo cual significa que Lola ya tenía una historia de vida antes de que el autismo tocara a su puerta. El diagnóstico llegó de manera contundente e inesperada. Sin embargo, para ese momento ya existía una mujer construida a través de sus experiencias de vida, de sus creencias, de todo lo transferido por sus generaciones anteriores, su educación y de todo el bagaje cultural, social y religioso que implican 30 años de vida, que fue la edad en la que el autismo se hizo presente en mi vida. Aclarado lo anterior, debo también advertir al lector que existe la posibilidad de que al leer algunas de mis vivencias, quizá sientan el deseo de compararme…
Entradas recientes

Cuando a Lola la arrancaron de raíz...

“Nos unimos en matrimonio con una ilusión y construimos una familia con una expectativa, deseando recrear el cuento de la vida feliz y perfecta de la que los adultos tanto hablan…”



Perú resulto ser un lugar mágico para mí, una adolescente con 24 años que se experimentaba como una niña ante los paisajes majestuosos, la comida con decenas de combinaciones y sabores, una cultura tan misteriosa e interesante como la cultura de mi tierra, gente sumamente amable y cálida. Si el paraíso existía, yo sentía que estaba viviendo en ese lugar con el ferviente deseo de que no se tratara de un cuento de la “Caperucita Roja” en el que ella era una niña “buena y obediente” hasta que no lo fue más y en su vida apareció el Lobo Feroz que llegó a destruir todas sus creencias sobre la realidad y la ficción al vestirse de abuelita después de que se la había comido. No quería que “mi historia” en Perú terminara, deseaba sentirme feliz y plena por siempre, sin que nada me preocupara, sin que un Lobo Feroz me t…

Lola se embarca en el viaje más largo de su existencia…

“Si los adultos no saben lo que quieren hacer con sus vidas, ¿cómo esperan que los adolescentes sepan lo que quieren hacer cuando sean grandes...?”
Después de haber escuchado al inconsciente colectivo y haber tomado la decisión de NO estudiar para maestra hasta después de haber terminado mi primera carrera universitaria, comenzó uno de mis primeros periodos de gran incertidumbre y peregrinar por rumbos desconocidos. Recorrí cuatro universidades diferentes y una carrera diferente en cada una de ellas: Derecho, Idiomas, Mercadotecnia y finalmente Ciencias de la Comunicación, una de esas carreras conocidas en aquella época como: MMC (mientras me caso...). La realidad es que no estaba estudiando esa carrera por aquello del MMC, más bien era una cuestión de OS (oveja de la sociedad). Finalmente terminé la carrera y “me casé” jajajajaja. Dije que no había estudiado la carrera por MMC pero en mi caso ocurrió de esa manera, antes de graduarme de la universidad, a los 23 años (recuerden que recor…

Lo que a Lola se le escapó de las manos

“Hay personas que llegan a tu vida y sin saberlo, te marcan para siempre”

Es así como el pequeño Jhonatan, con tan solo dos años de edad, tocó a mi puerta y se quedó en mi interior para toda esta vida. Algunas tradiciones espirituales y religiosas, dicen que la reencarnación existe, mientras que otras sugieren que mueres y te elevas al paraíso para descansar eternamente (si has sido un “buen ser humano”...). En este punto no estoy segura de si mi vida es producto de muchas reencarnaciones o simplemente soy un alma nueva que llegó a la tierra hace cuarenta y tantos años y se desvanecerá para siempre sin dejar rastro el día que deba marcharse; lo cierto es que de cualquiera de las dos formas que yo exista, Jhonatan fue un aviso que recibí anticipadamente de lo que me correspondería experimentar más adelante, de la misma manera que lo fueron varios otros eventos que iré narrando poco a poco. Terminaron las tres semanas en las que debía cuidar a Jhonatan, me estremecía pensar que quizá no l…

El síndrome del niño silencioso

Fuimos todos niños silenciosos a los quienes no se nos permitió ni se nos enseñó a  expresar libremente nuestro dolor, rabia, desacuerdos y frustración. Todas nuestras emociones eran aplastadas con frases como: - Los niños buenos no hacen berrinches - ¡Ya cállate! - Deja de llorar, ¡no es para tanto! - Eres una exagerada - ¡A mí no me hables así! - ¡Si sigues llorando te voy a castigar! - Eso no se dice, ¡no seas malcriada! - Por tu culpa estoy enojada - Esta conversación es de adultos, ¡no interrumpas! - ¡Vete a tu cuarto, estás castigado! En pocas palabras: no expreses lo que sientes y piensas porque las consecuencias serán negativas y entonces habrá sido “tu culpa...” Muchas de estas frases las seguimos utilizando, y continuamos aplastándonos a nosotros mismos y aplastando las emociones de nuestros hijos y de otras personas significativas, por miedo a perder el control, perder la autoridad o por nuestro pánico a experimentar las consecuencias negativas de expresarnos. No repitamos en nuestros …

El día que el autismo entró a mi vida

“Nadie sabe para quién trabaja”. Yo pensé que trabajaría para ganar unos cuantos pesos durante mis vacaciones de verano y resulta que estaba entrenándome para toda mi vida..

No estoy segura de recordar las emociones y sentimientos que me embargaron al darme cuenta que Eric paulatinamente se sumergía en una dimensión a la que yo no estaba logrando tener acceso con mis limitados recursos de ser humano “normal”. Más adelante me enteré que eso a lo que yo llamo “otra dimensión”, muchos otros le denominan en el autismo: “su propio mundo”... término con el que no estoy de acuerdo, pero de eso hablaremos más adelante. Hace un tiempo tomé la decisión de realizar una profunda introspección de los eventos, emociones y sentimientos más impactantes que he experimentado a lo largo de mi existencia. Todo con la intensión de encontrar ese punto en el que la vida misma me avisaba con anticipación que tendría un “encuentro cercano con el autismo” y que eso me permitiría ver claramente cuál sería parte d…

Ni siquiera el diagnóstico de autismo es casualidad...

1/08/17 “Hace ya algún tiempo que dejé de creer en las casualidades y las coincidencias”

En muchos lugares he leído y escuchado un sin número de veces la frase: “las casualidades no existen, existen las causalidades”. Era doloroso y complicado leer esta frase, ya que para mí significaba que el diagnóstico de autismo de mi hijo Eric era la causa de algo que yo misma había ocasionado de manera inconsciente en algún momento de mi vida. Pasaron algunos años antes de comprender que no tenía nada que ver con que yo fuera la “culpable” del diagnóstico de mi hijo, más bien era responsable de la manera en la que yo estaba observando mi vida a partir del momento en el que un grupo de especialistas me dijeron: “su hijo tiene autismo”. Fue uno de esos días en los que observaba de cerca a Eric cuando supe que algo era diferente... Poco tiempo después de cumplir los 18 meses de edad, él era un bebé hermoso que señalaba las partes de su cuerpo cuando yo se lo pedía, aplaudía, decía “mamá” y agitaba su m…